La salud prostática no depende únicamente de la genética ni de la suerte. Existen hábitos cotidianos que la evidencia científica asocia con menor riesgo de problemas prostáticos y mejor salud urológica en general.
1. Mantené un peso saludable
La obesidad está asociada con mayor riesgo de hiperplasia benigna de próstata y cáncer de próstata más agresivo. Reducir el peso corporal mediante dieta y ejercicio tiene un impacto real.
2. Aumentá el consumo de tomates
El tomate es rico en licopeno, un antioxidante con propiedades estudiadas en la prevención del cáncer de próstata. El tomate cocido (especialmente con aceite de oliva) tiene mayor biodisponibilidad de licopeno que el tomate crudo.
3. Hacé ejercicio aeróbico regularmente
Caminar, nadar o andar en bicicleta al menos 30 minutos diarios mejora la circulación pélvica, ayuda a mantener el peso y tiene efectos antiinflamatorios beneficiosos para la próstata.
4. Reducí el alcohol y los ultra-procesados
El consumo excesivo de alcohol y una dieta alta en grasas saturadas y ultraprocesados se asocia con mayor inflamación sistémica, que puede afectar negativamente la próstata.
5. No postergues los controles médicos
El hábito más importante: hacerse los controles anuales. El PSA y el examen físico permiten detectar problemas en etapas tempranas, cuando el tratamiento es más efectivo.
Este artículo es de carácter informativo y no reemplaza la consulta médica.
Nota: Este artículo es de carácter informativo y educativo. No reemplaza la consulta con un profesional médico. Ante cualquier síntoma o duda, consultá con tu médico.